sábado, 10 de marzo de 2012

CAPITULO I. SUCEDERÁ I - 1

    Cuando el grupo estuvo fuera de la casa del presidente, uno a uno fueron entrando en el autobús que los había llevado hasta allí. Cuando todos estuvieron dentro y el motor hubo arrancado, el ambiente en el habitáculo empezó a caldearse. La gente estaba preocupada, eran conscientes de que la visita había terminado antes de tiempo, deducían que algo malo debía estar pasando. Muchos ya veteranos en estas visitas, sabían que el horario era cumplido a rajatabla, sabían que las despedidas de la casa del presidente solían ser cordiales, no tan frias como esta había sido. Muchas veces el presidente hacía un hueco en su agenda para que la gente del grupo pudiera retratarse con él, pero nada de esto había sucedido, sin duda estamos ante una crisis mundial, decían algunos de estos veteranos. Otros en silencio intentaban disimular su estado de crispación, muchos movían neuróticamente las piernas, en un intento desesperado de exorcizar sus miedos. Otros, los menos observadores, ponían el grito en el cielo culpando a los responsables de la agencia de viajes de estafa. Los más agresivos agredían verbalmente al guía, que intimidado intentaba calmarlos dándoles explicaciones sensatas y razonables, que lejos de calmar los ánimos, los encendían más.

    Damian asistía al espéctaculo que se daba en el autobús distraído y ajeno a lo que sucedía intentaba dar una explicación válida a lo sucedido. Había visto generales, cuyas canas, delataban sus años de sevicio, estos veteranos de guerra, ante cualquier contrariedad deberían mostrarse  serenos, pero hoy los había visto nerviosos. Parecía, que desde su posición privilegiada, estaban siendo testigos de una situación que los superaba. ¿Mas, qué podría alterar  tanto a hombres, que quizás habían visto a sus compañeros despedazados por la metralla, en el campo de batalla? ¿La caída de la bolsa? No, estos eran hombres de acción, forjados en la dureza de la instrucción y la guerra; suelen mirar de frente al enemigo y explotar sus errores sin dejar nada al azar. Y si esto fuera así, ¿para que los haría llamar el presidente? ¿Para mantener el orden, reducir el caos? Mantener el orden no es algo que pueda poner nervioso a un hombre acostumbrado a sortear infinidad de proyectiles mientras avanza hasta las líneas enemigas. Una declaración de guerra, eso si puede crispar los nervios de un militar de carrera, pero no una guerra convencional, donde las posibilidades de sobrevivir aunque escasas, no son nulas. Una guerra nuclear es lo que más nervioso pondría a un devoto de Ares, aquí  hay que golpear primero y aun así la posibilidad de victoria es incierta, si se declarara una guerra de este tipo las consecuencias serían nefastas para ambos bandos, nada sobreviviría.

    Damian por este proceso de inducción comprendio, que la supuesta guerra nuclear, estaba a punto de producirse y entonces esta sospecha actúo de espoleta y un aluvión de pensamientos e ideas estallaron de repente en su cabeza. Unas chocaban con otras a velocidades de vértigo, como si fueran átomos  de razonamiento que a fuerza de golpearse unos a otros, estuvieran a punto de iniciar una reacción en cadena que Damian intentaba detener en vano.

   El trayecto fue corto, pero azaroso, por toda la cantidad de emociones que se dieron durante él, a causa de la visita. No habían pasado ni diez minutos desde que entraron en el autobús y ya estaban a las puertas del hotel donde se alojaban. Antes de salir el guía con el micrófono, les dijo la hora a la que el grupo sería recogido a las puertas del hotel, para hacer otra de las visitas programadas, pero ni Damian, ni el resto prestaron atención. Uno a uno fueron todos abandonando el autobús, pero en sus rostros, no había rastro de alegría, parecía que aquel viaje de placer se había convertido en un viaje sin retorno, cuya única meta no era la diversión sino el sacrificio.

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